viernes 20 de enero de 2012

.Caracoles.

La nebulosa es tan espesa que casi puedo notar su ánima, fluye al compás de su pecho des-nudo y lleno de cabos que no quieren ser atados.
Colores, colores!
Chorrea desde los labios a las manos la savia que brota de sus gritos ahogados,
al respirar.
Aire, fuego, espirales áureas y luces chispeantes brotan de su cabeza a una velocidad entre sensata y veloz, como los sueños, como el negro de sus ojos y los labios que esconden algo más que un simple sabor.
Realidad a golpes de Locura
matices, suavidad.

Entretanto yo observo, escribo y al contacto con su piel, mudo la mía.

lunes 26 de diciembre de 2011

A veces

es curioso notar cómo se me derrite la fortaleza al leer tus ojos
y
sentir que no estoy muerta ni carezco de emociones en carne viva, y que la piel se me contrae como cuando pellizcabas sin dar tregua a mi dolor.
Pero de entre todas las veces que he soñado con cinturas clavándose en mi ombligo y clavículas a la orilla de mis dientes no me quedo con nada,
los murmullos de mi cabeza chocan contra tus parpadeos y se niegan a volver.

miércoles 21 de diciembre de 2011

.

Sucede que a veces me asusta tanto como me alegra la idea de olvidarte.

Sucede que me gustaría borrarte, así, que dejaras de existir, que mi radar ya no pudiese detectarte
que todos los trozos de ti pegados a mis entrañas se esfumasen sin más, como polvo en el viento, como agua que ya es vapor.

Y sucede también que me aterra la idea de quedarme sin piel, ni besos, ni trocitos de tu voz entrecortada entre mis recuerdos. Quedarme sin sudar, sin colores rojos y pisadas decididas, y sollozos, y canciones...quedarme sin relleno, sin razones, sin dolor.

Y, como siempre, mi vida transcurre entorno a una dicotomía que no me deja estar ni contigo ni sin ti.

martes 20 de diciembre de 2011

Ahora.

Ahora, de noche, a traición.
Ahora que la oscuridad me ofrece una tregua, hablaré de mi yo más profundo, enigmático y negro, negro como el azabache.

Hace siglos que noto un vacío por debajo de mi piel, no se trata de agujeros ni grietas, es más como un tornado sin punto de partida ni retorno.

De pequeña me entretenía mirando los pequeños remolinos que se formaban en el agua del río, tiraba hojas secas dentro para observar cómo éste las envolvía entre sus círculos y, poco después, las engullía.
Adónde iban estas hojas?

Eso me preguntaba yo con todos mis sentimientos, adónde iban cuando bajaban del corazón y, en vez de quedarse por ahí, en los miles de huecos que guardo, se dejaban arrastrar por ese tornado y desaparecían ante mis narices...
Y no sólo eso, ha llegado hasta tal punto la monumentalidad de mi pequeño tornado interno que ahora no deja al corazón hacer sus funciones...no alcanzo a medir la magnitud de tal atrofia sentimental pero mentiría si dijera que todo son desventajas.



(El día que encuentre el lugar de desemboque moriré de sobredosis).